Ginkgo

Es el nombre del gato de mi amiga Alejandra. Al preguntarle por qué decidió elegir este nombre para su tigrecillo me explicó una curiosidad acerca del paralelismo que guarda la historia de este hermoso árbol de origen chino con la del rubio felino. Y es que un año después del estallido de la bomba de Hiroshima, en la primavera de 1946,  a un kilómetro de distancia del epicentro de la explosión había un viejo Ginkgo destruido y seco que empezó a brotar. Para Hiroshima se transformó en símbolo del renacimiento y portador de esperanza. Esto mismo le ocurrió al pequeño gatito, que fue recogido bajo la rueda de un coche, todo sucio y despeluchado y con una orejita rota que al poco se le cayó. A día de hoy, dos años más tarde, Ginkgo, disfruta de una salud estupenda y está lleno de vida y fuerza. 7 de Bloomsbury ha querido rendir homenaje a todos los “Gingkos” que luchan por vivir….

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